jueves, 13 de septiembre de 2018

Hoy el paso de tus días en mis días es más ligero, más como un bello recuerdo y una grata sensación, leí tu libro y me doy cuenta que estabas tan saciada de la vida que no te faltaba vivir más, sino partir, estoy tan feliz de haber encontrado la forma de comunicarme contigo a través de algo que escribiste mucho antes de tu muerte, sin saber que sería una carta de consejos y despedida para quienes te amamos, quienes te amamos tanto que no podemos despegar tu recuerdo de nuestros corazones, de nuestra mente, de nuestra existencia. Yo te nombro al menos una vez al día, cuando me acuerdo de tus sabios consejos, de tus palabras, de tus frases, de tus chistes, de tu forma tan cálida de ser, de tu amor tan grande y tan puro, de todo lo que viviste y que forjó tu alma...

Eres una hoja suelta que está pegada a mi ser, una hoja suelta que me guía en la oscuridad, una hoja suelta que me da paz en las noches de desvelo, una hoja suelta que no quiero nunca soltar, eres libre como siempre quisiste, y eres parte de mí también, parte de cada uno de tus hijos y los hijos de tus hijos, serás siempre el legado que forjaste, la unidad de una familia que fue protegida por tu amor incondicional y serás también cada recuerdo que forma parte de nuestra historia, serás una leyenda porque hasta quienes no te conocieron, te conocerán a través de mis historias, las historias de mis hijos y de los hijos de mis hijos...

Tú siempre vivirás, en cada hoja suelta que se cruce en mi camino, en cada árbol y cada ráfaga de viento que respire, siempre estarás presente en mi vivir porque con tu vida, iluminaste mi infancia, mi adolescencia y mi adultez, y siempre te recordaré con gran amor y ternura, mi viejita.

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